Lo llamativo del dato es el motivo detrás de esta tendencia. Contrario a lo que muchos podrían pensar, el
freno no está en el precio de los monitores —hoy más accesibles que nunca— sino en el coste de las
tarjetas gráficas necesarias para aprovechar resoluciones superiores con fluidez. Jugar de forma cómoda
en 1440p exige una cantidad de memoria de vídeo que sigue estando fuera del alcance de buena parte del
parque de tarjet
as gráficas actual.
Este panorama confirma que, pese al avance constante de la tecnología, el "PC gamer medio" sigue bastante alejado de las configuraciones de gama alta que suelen protagonizar los titulares, y que el verdadero cuello de botella para saltar de resolución no está donde muchos jugadores creen.

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