El principal culpable de este cuello de botella es, una vez más, la creciente demanda de componentes destinados a proyectos de inteligencia artificial, que compite directamente por la misma capacidad de fabricación que tradicionalmente se destinaba a los SSD de uso doméstico y gaming, disparando los precios en ambos frentes.
Para los jugadores de PC, esta previsión implica que ampliar el almacenamiento de sus equipos podría seguir siendo una inversión cara durante bastante más tiempo del deseado, en un contexto donde cada vez son más los lanzamientos que exigen decenas, o incluso cientos, de gigabytes libres para poder instalarse sin problemas.

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