El fallo permitía a Mario sortear pequeños huecos mientras corría, algo que no estaba planeado dentro del diseño original del juego. En lugar de corregirlo, el equipo decidió conservarlo al comprobar que resultaba divertido y añadía fluidez a los desplazamientos del personaje, convirtiéndolo con el tiempo en una seña de identidad de la saga.
La anécdota es un buen recordatorio de que, en el desarrollo de videojuegos, no todos los grandes aciertos
llegan de forma intencionada: a veces, saber reconocer el potencial de un "error feliz" es tan importante
como el propio diseño original.

No hay comentarios:
Publicar un comentario