Este tipo de declaraciones no son inusuales en la industria, especialmente en un contexto donde los costes de fabricación de hardware llevan meses subiendo debido a la creciente demanda de componentes destinados a la inteligencia artificial, que compite directamente por los mismos recursos de producción que las consolas domésticas.
Aunque la noticia pueda decepcionar a quienes esperaban una nueva PlayStation en un futuro cercano, la cautela de Sony también puede interpretarse como una buena señal: la compañía prefiere esperar a que las condiciones del mercado sean más favorables antes de lanzar un producto que, sin duda, marcará el rumbo de la industria durante toda la próxima generación.

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