El propio Daly ha reconocido que el suceso tensó el calendario de desarrollo y afectó emocionalmente a un equipo que vio cómo parte de su trabajo, todavía sin pulir ni preparado para ser mostrado, se filtraba de forma incontrolada en internet, generando reacciones y juicios prematuros sobre un proyecto que aún estaba en pleno proceso creativo.
Este tipo de confesiones son cada vez más habituales dentro de la industria, y ayudan a visibilizar el coste humano real que este tipo de ciberataques tienen sobre los equipos de desarrollo, más allá del habitual debate mediático centrado únicamente en el contenido filtrado.

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